Esa puta manzana


Toda mi vida me reí con bronca de los ataques de hipocondría de mis viejos. ¿Vieron que algunos padres compiten en cosas como quién gana más plata, quién cocina mejor, quién es mejor padre, etc? Bueno, mi casa no es la excepción y mis viejos también competían. Ganaba el más enfermo. Sí, el más enfermo, hecho cuero, destruido, ese se llevaba el premio. Si mi viejo tenia hipertensión, mi vieja también. Si uno necesitaba lentes, el otro también. Mi viejo es alérgico al tomate, a mi vieja le cierran el pecho los aerosoles… Mi vieja se rompió los meniscos, mi viejo también. Creo que entendieron mal eso de “en la salud y en la enfermedad” ¡No era que se tenían que enfermar juntos! Y bueno, así viví estos veintiunmontón años de vida, rodeada de radiografías, electros,  chequeos, etc. En una casa normal hay un botiquín pequeño, en mi casa hay una sección de la alacena prácticamente dedicada a los productos farmacéuticos.
Dicen que uno se convierte en lo que critica… Bueno, yo siempre pensé que no era mi caso (y sí, en general uno se cree la excepción) hasta que anoche me lastimé el ombligo con el arito y sentí cómo una gran infección comenzaba a recorrer mi cuerpo célula por célula hasta dejarme sin vida. OK, no fue taaaaaan así, ¡pero un poco me asusté! Pensé en llamar a mi vieja para que lo mire, pero no tenía ganas de correr a la sala de emergencias. Ya sé qué están pensando, ¡qué bolacera! Bueno, no, no es exagerado pensar que podía terminar en el hospital, una vez me llevó porque me raspé con un fierro…  El tema es que era tarde y para lo único que iba a servir decirle era para que me rete como si tuviera 5 años, lo cual en general me lleva a comportarme como si fuera una nena asustada y caprichosa. Después iba a pasar la noche visitándome para asegurarse de que no tuviera fiebre y si “sobrevivía” la noche, me esperaban días o incluso semanas de inspecciones a la voz de “vení que quiero ver cómo está eso” mientras se pone los anteojos o incluso una lupa… Con este panorama en mente decidí arriesgarme a morir sin decir adiós y me acosté a tratar de conciliar el sueño. Al otro día desperté… Sí, ¡DESPERTÉ! ¡Estaba viva! Y mi ombligo de veía bastante bien. Quizás no era tan grave como pensé… Y quizás tampoco era la excepción a la regla, después de todo la manzana no cae muy lejos del árbol.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s