Detrás de mi sonrisa


Hace ya algunos días que mis amigos y conocidos me preguntan a qué ese debe mi felicidad, esta felicidad palpable que traigo encima, esta sonrisa amplia, esta luz en mi mirada… Hace ya algún tiempo que me lo preguntan y yo hasta ayer no sabía qué responder. La gente cuando te ve feliz suele asumir cosas, y si la que está feliz es una mujer, es común que crean que esa felicidad es en parte prestada, que tiene que ver con una persona que nos está enamorando… Bueno, podría haber sido el caso, pero realmente no lo es. Ya hace bastantes lunas llenas de la última vez que amé. Pero la felicidad está presente y aunque uno no quiera, después de un tiempo se empieza a preguntar qué puede contestar ante la curiosidad de la gente y se adueña un poco de esa curiosidad y busca los motivos en cada sonrisa, busca cuidadosamente en cada recoveco del alma hasta que encuentra la respuesta.
Yo no soy la excepción a esta regla. Ayer por fin supe qué responder. Podría hacer una lista medianamente completa de los motivos de mi felicidad,  por ejemplo:
Mis seres queridos y yo tenemos salud
Tenemos trabajo
Tenemos comida, bebida, techo, abrigo y por sobre todas las cosas, nos tenemos los unos a los otros, nos alentamos, nos cuidamos, nos apoyamos, nos incentivamos, nos ayudamos, nos amamos
Esta lista, si bien es correcta, se podría resumir en muchas menos palabras. Verán, señoras y señores, el motivo de mi sonrisa es mucho más sencillo. Soy feliz porque estar triste me parece una pérdida de mi valioso y por sobre todas las cosas irrecuperable tiempo vital. Sí, así es la cosa. Cuando yo era una niña la muerte no estaba ni siquiera en mi vocabulario. De adolescente se ubicó entre las cosas que les pasaban a los viejos, yo no tenía que preocuparme por esas cosas. Adolescente e inmortal, cuando uno es el adolescente, son prácticamente sinónimos. Ahora, ya casi pisando los 30, la muerte es una amiga que te puede visitar en cualquier momento para llevarte a pasear muy lejos de todo lo que conocemos, lejos de nuestros seres queridos que nos alegran la vida. Por eso, mi tiempo de vida es tan valioso ahora, ahora que entendí que no es eterno, que cada momento es un regalo y que estar triste o enojado lleva tiempo, se lo lleva y ya no lo podemos recuperar. Entonces, sí, soy feliz, básicamente porque decidí serlo y, si me preguntan, es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.
Saludos y… como es viernes y carnaval… ¡salud!

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