Encuentro (anecdotario)


Caminaba por las calles tranquilas de la ciudad, camino a mi casa, camino a mi hogar. Un alud de personas salió de la nada. Era viernes al mediodía, las escuelas se liberaban de los niños, los negocios del centro vomitaban empleados en todas las direcciones, todos y cada uno desesperados por llegar a sus casas y descalzarse, ponerse ropa cómoda y dormir una buena siesta después de comer. Yo, ajena a ese torbellino, me perdí en medio del ruido y cuando levanté la vista, ahí estaba él. Tan alto y tan rubio como lo recordaba, con esa mirada de yo no fui que le sienta tan bien. Me miró, lo miré. Yo traté de esquivar su mirada, pero ya era tarde. Una vez más me había perdido en el verde de sus ojos, en la inmensidad de mar de su mirada. No sé cuánto tiempo transcurrió desde el instante en que nos vimos hasta que recobré el habla. Probablemente hayan sido unos segundos, aunque pareciera una eternidad.
– Hola, ¿cómo estás? Te extraño, extraño a mi amiga, a mi confidente, a mi incondicional. Te he estado buscando en mis sueños hace mil noches y finalmente acá estás. Fue todo un error; dejarte ir, no jugarme por la amistad que yacía en las bases de lo que alguna vez llamamos amor. Ahora lo entiendo, ahora que ya es tarde. ¿Es tarde? Sí, lo sé, yo sé bien que ya es tarde. Aunque no haya nadie de tu mano, sé que ya soltaste la mía. Estás muy bonita esta tarde, esta soledad te sienta bien, la soledad de no estar conmigo. Ojalá seas muy feliz, ojalá el próximo hombre que tome tu mano sepa el tesoro que esconde tu corazón. Se me hace tarde, ya está por salir el sol que golpea tu ventana y vas a despertar… Despertaremos los dos, ya no bajo el mismo techo, despertaremos y mirando el cielo azul sonreiremos pensando en este encuentro. Adiós.

Antes de que pueda responder, se perdió entre la febril multitud. Quizás otra noche pueda responder a su saludo y contarle que a veces yo también extraño a mi amigo y lo nombro en anécdotas y la gente me mira, como si nombrarlo fuera una especie de pecado. O como si no nombrarlo significara que lo olvidé.
Los pájaros comenzaron a cantar, ya no quedan muchas horas antes de que el primer rayo de luz se cuele por la ventana. Es hora de soñar algún sueño nuevo, whatever that means…

¿Miedo a la oscuridad? #CatálogoDeMiedos


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Así estoy, con luz prendida por el miedo. Sí, miedo. Me acosté a dormir y sentí un ruido y el corazón empezó a latir con más fuerza. Hace unas semanas atrás tuve una pesadilla (creo) en la que un hombre sentado al lado de mi cama me llamaba en la oscuridad de la noche y sólo podía ver fracciones de su rostro iluminado pobremente por la luz de lo que parecía ser un celular. “Euge” me dijo en tono calmo. “Euge” nuevamente al ver que yo, petrificada del miedo, no respondía. Después desapareció, tan rápido como había aparecido, perdiéndose en la oscuridad. Ahora no lo vi, no vi a nadie, pero cuando

cerré los ojos sentí como si me estuviera mirando a centímetros de mi rostro, esperando que abra los ojos y finalmente responda su saludo anterior. Comencé a rezar, pero poco duró el alivio. Así que acá estoy, 29 años, tratando de dormir con la luz prendida. Es que no le temo a la oscuridad, sino a lo que es capaz de esconder… Por suerte escribir suele ser un buen remedio para calmar mis nervios y vencer los fantasmas.
Hasta mañana (espero)

“Con razón estás sola”


Sí, con razón, de hecho son muchas las razones. Estoy sola porque prefiero estar sola a estar con cualquiera para no estar sola, porque no me da miedo la soledad, pero sí me asustan las malas compañías. Porque dejar entrar una persona a mi vida para mí es importante, ya sea un nuevo amigo o un nuevo amor, cada persona que está en mi vida personal es alguien a quien elijo. Sí, incluso mi familia. Porque elijo sentarme con ellos a la mesa o invitarlos a la mía. Porque elijo dedicarles mi tiempo libre, ese tesoro tan preciado que no todo el mundo tiene y que hay que saber valorar y aprovechar. Estoy “sola” porque no me acuesto con nadie, porque no me da la gana, porque no lo elijo así. Estoy sola porque me caigo muy bien y no necesito estar con alguien para divertirme. Estoy sola porque no hace falta “ese otro” para mirar la tele o leer, o escribir o mirar partidos, para salir con mis amigos o juntarme con mi familia. Estoy sola porque se me antoja más esto que estar con el primero que me prometa la luna o las estrellas. Estoy sola porque sé lo que es el amor de pareja y por ende sé que vale la pena esperarlo. Estoy sola porque cuando deje de estarlo va a ser porque conocí alguien que se puede enamorar de una loca así, con tantas razones para estar sola.

#MarzoConMde Mitos


Argentina no es un crisol de razas. Acá nada se fundió, nada se mezcló. Dentro de un mismo territorio coexisten diferentes razas, credos y percepciones de una misma vida. Coexistir es existir con otros y eso me parece más maravilloso que la supuesta mezcla… Vivamos, existamos juntos y seamos respetuosos del otro porque esa alteridad nos enriquece, nos ayuda a delinear nuestras propias identidades. Seamos y dejemos ser. Abramos los ojos, los oídos, dejemos los 5 sentidos percibir el universo que nos rodea. Seamos felices. Buena semana a todos