El mismo corazón


Es fácil amar, claro que sí, es muy fácil amar cuando el corazón no está roto o lleno de cicatrices. Es fácil amar cuando tenés cinco, diez o quince años y todo en el mundo es amor, ilusión y belleza. Es fácil amar con inocencia, siendo inocentes criaturas. Pero después de que el corazón ha tenido unos cuantos sustos, de esos que te cortan la respiración y te oprimen el pecho, de esos que parecen una caricia de la muerte… Una vez que uno se ha quitado las vendas y ha visto la maldad y la injusticia. Una vez que ha estado a ambos lados de una mentira, de ese puñal que es la mentira… una vez que ha dado todo cuanto tenía y lo ha perdido. Cuando ha tenido que empezar casi de cero a reconstruir y reconstruirse, entonces ya no es tan fácil amar. Uno se vuelve mezquino y ya no besa tanto, no abraza tanto, no ama tanto. El amor se convierte un tesoro que nos da miedo mostrar por inseguridad. Ahora que ya tengo veintiunmontón de años y he llorado varias pérdidas, mi corazón ya no ama tan fácilmente. Ah, pero cuando ama… Cuando ama, lo hace intensamente e irradia una luz que enciende al sol. Cuando este maltrecho corazón siente que alguien se lo ha ganado, ama con una sinceridad y una ternura implacables. Este corazón, que es el mismo de antes, ha aprendido la la importancia del amor y ahora, fuera de todo pronóstico posible, late más fuerte.

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