Tic tac, tic tac, tic… #LiveLoveLaugh


Cada segundo que pasa puede verse de diferentes formas y cada una de esas formas tiene su contra-cara. Ese minuto puede ser memorable o para el olvido, puede ser emocionante o aburrido, feliz o triste, positivo o negativo… Algo es seguro, el tiempo es lo más valioso que tenemos, no es la plata ni nada material, sino ese intangible tesoro lo que nos hace ricos si sabemos atesorarlo. Tiempo es dinero dicen, yo digo tiempo es amor. Quien te brinda un segundo de su vida para prestarte su oído, te está diciendo que te quiere, te está dando un regalo impagable. Ok, podrán argumentar que no todo el mundo se siente así acerca del tiempo y es verdad, porque no todo el mundo se siente de la misma forma acerca de las mismas cosas. Si todos estuviéramos de acuerdo siempre sobre la visión que tenemos de las cosas, no habría guerras… y las hay, por montones. Con eso en mente, podemos decir que quien no siente esto sobre el tiempo quizás no te está regalando nada preciado y por ende ese tiempo pierde ese valor… Ok, quizás sea así para algunas personas, pero ¿saben una cosa? ese es su fucking problema, no el mío. Mi tiempo es mi tesoro, es mi vida, son mis recuerdos, es eso intangible que me acompañará mientras tenga vida (y salud mental).

Quizás algunos se pregunten a qué viene esta reflexión… Bueno, quizás sea porque con el pasar de los años cada vez mezquino más y más mi tiempo, ya no voy a reuniones ni me veo con personas “por compromiso”. Ya no dedico tiempo a escuchar canciones que no me generan placer, no leo libros porque “es un clásico” o porque “lo tenés que leer”, ya no, aunque alguna vez lo hice. Alguna vez escuché música que no me hacía volar, leí libros que no me transportaban a mundos extraordinarios o besé labios que no me hacían soñar, pero ya no más.

Sepan entonces que cada palabra, cada fragmento de lo que escribo, es un pedacito de mi vida que les regalo. Pero sepan también que valoro inmensamente cada segundo que se toman para leer lo que esta joven un poco loca tiene para compartir con ustedes.

Ya se hizo tarde y se avecina una tormenta, lo sé porque la perra ya comenzó a golpearme la puerta para que la deje entrar (a pesar de que está bajo techo). Les dejo un abrazo cibernético, que en estas fechas por mis pagos es de lo más conveniente ya que hace bastante calor, y voy a tratar de contar las gotas de lluvia que golpean la ventana como si fueran ovejas saltando el corral hasta quedarme dormida y quizás (tan solo quizás) sueñe algo que valga la pena ser contado algún día. Tic tac, tic tac, sigan con sus vidas y gracias por leerme.

¡Saludos reflexivos!

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